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OPINIÓN / [email protected]
Por: Francisco Zapata Vanegas - Portavoz Red Mundial Buen Vecino RBV

La impuntualidad de los colombianos, pero sobre todo la de los que habitamos en las principales ciudades, que ya es rasgo de caracterización, se debe principalmente a cierta irresponsabilidad congénita que se transmite de generación en generación; pero también, y de esto no me cabe la menor duda, a la errónea creencia de que el llegar tarde a una cita, o a una fiesta, tiene cierto aire de elegancia y de buen tono. Esto puede ser cierto cuando se trata de una vedette, o de un invitado de honor, siempre que el retardo sea de pocos minutos, para dar tiempo a que toda la concurrencia esté reunida; pero fuera de estos casos, y para los demás mortales, no tiene justificación. En todas partes del mundo civilizado el llegar tarde, y sin excusa legítima, a una cita, a una invitación, es tomada como descortesía y mala educación, menos entre nosotros, dónde la cosa ha llegado a extremo tal, que un amigo mío muy querido, a quien solía llevar a las sesiones de la Escuela del Buen Vecino Medellín en la Sai, me decía entre bromas y veras, hace algún tiempo, que él, cuando por casualidad llegaba a una cita a la hora exacta, le avergonzaba hacerse presente tan a punto, y para no incurrir en ese pecado, le daba la vuelta a la cuadra. Para muchos es costumbre tenida como sana.

Consecuencia de esta impuntualidad sistemática y generalizada, es la de que muchas reuniones y fiestas, sobre todo las cenas, se han ido retrasando en su horario habitual, hasta el extremo de que los almuerzos se sirven a las 3 ó 4 de la tarde; y cuando de una cena se trata, hay que ir ya comido, porque lo que es el atractivo plato central no aparecerá sino al filo de la media noche. Lógicamente, si Ud. ha cometido el error de ser puntual, digamos a las ocho de la noche, que es la hora de la invitación, encontrará que la señora de la casa estará todavía a medio maquillar y renegará de la hora en que tuvo la ocurrencia de invitarlo; y cuando llegue ya el servicio lo de la comida Ud. estará tan bebido que no sabrá ni lo que se come, ni qué decir de la despedida a las volandas porque hay que tirar para la casa como una bala.

Cuando salimos de Colombia, se nos pasa la factura de la impuntualidad en países como los Estados Unidos, en Europa,
incluso en la tan familiar España, la puntualidad por igual es rigurosa, y en Inglaterra, es proverbial. Los ingleses llevan está disciplina de modo tan estricto, que hasta para comer le ponen a uno la campanilla del reloj.

Algunos recordamos a este propósito un banquete con que la entonces reina Isabel II, agasajó al Presidente Santos y su comitiva en la casa real. Todos los detalles los vimos a través de Señal Colombia, comprobando cómo es cierto aquello de que toda exageración es condenable. En efecto, aquella cena, que comenzó exactamente a las 6 en punto de una tarde con sol afuera, se desarrolló en diversas etapas con un conductor estricto de tiempos, el mismo que desde un púlpito, y a punta de percusión iba instruyendo a las criadas, ordenando el servicio de los platos; anunciando el momento del brindis, de los discursos, y luego el de tomar el café, y hasta el de fumar señalando el sitio permitido, ya al final, despachó a la concurrencia con un martillazo final. Como quien dice, se acabó la fiesta. Para muchos pareció algo grosero, pero es la fiel tradición de elegante etiqueta de los británicos.

De ese orden es la estricta puntualidad que observan los norteamericanos en todos los actos de su vida; y no es extraño que todos estén tan ricos, que sean tan eficientes y organizados en sus inmensas y complejas ciudades. Pero la verdad es que debido a ello los colombianos apenas llegan a territorio norteamericano, se sienten como metidos ya entre rieles, la única opción es adaptación inmediata, o sino: "de malas", como dice una reconocida mujer pública nuestra.

En resumen, yo pienso que en esta materia, ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. Si es cierto que la falta de puntualidad no puede ser considerada como de buena cortesía, y aceptable costumbre, tampoco lo es que la impuntualidad, si no es exagerada y con las ciudades colapsadas por el caos de la movilidad, deba tenerse como índice de mala educación. FZV23

OPINIÓN es la sección de nuestros libre pensadores sobre los temas de ayer, de hoy, y de siempre. La recepción de sus colaboraciones deberán ser acompañadas de documento de identidad escaneado, para luego ser valoradas y programadas para su publicación en nuestro portal universitario, deben ser dirigidos a [email protected]

De regreso con sus reflexiones el Portavoz de la Red Mundial Buen Vecino RBV, Francisco Zapata Vanegas. Sus ensayos jurídicos continúan vigentes en las universidades. Imagen cortesía Facebook.